Las Neveras

Las neveras de Sojuela forman parte de un antiguo sistema de almacenamiento, conservación y distribución de nieve y hielo, una actividad fundamental durante siglos para la vida cotidiana, la alimentación y la medicina. El uso de la nieve con fines terapéuticos y domésticos se remonta a la Antigüedad, pero fue a partir del siglo XVI cuando estas infraestructuras alcanzaron su máximo desarrollo, coincidiendo con una climatología favorable y una creciente demanda de hielo.

Historia de Las Neveras

La documentación histórica señala que en 1597 el Concejo de Logroño decidió construir una Casa de la Nieve en el término de Moncalvillo, a unas tres leguas de la ciudad, con el objetivo de garantizar el suministro de hielo a un precio regulado y evitar la dependencia de neveras de otros territorios. Estas neveras eran propiedad municipal y su explotación se subastaba anualmente.

Desde entonces y durante los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX, las neveras de Moncalvillo abastecieron de hielo principalmente a Logroño, aunque también a localidades cercanas. El transporte se realizaba a lomos de caballerías, asumiendo importantes pérdidas por el deshielo durante el trayecto. La actividad decayó definitivamente a finales del siglo XIX con la aparición de las máquinas productoras de hielo y la generalización de la electricidad.

Usos de la nieve y del hielo

El hielo almacenado en las neveras tenía múltiples usos. Uno de los más importantes era la conservación de alimentos, especialmente carnes y pescados, en una época en la que no existían sistemas de refrigeración artificial.

El uso medicinal del hielo fue otro de los usos más extendidos. La nieve se empleaba en tratamientos de crioterapia, para bajar fiebres, reducir inflamaciones, cortar hemorragias o aliviar determinados dolores. Su importancia fue tal que el comercio del hielo llegó a considerarse un bien de primera necesidad, regulado por los concejos municipales.

Ubicación y características del conjunto

Las neveras se sitúan en la ladera noreste del Moncalvillo, por encima de los 1.100 metros de altitud, una orientación elegida estratégicamente para favorecer la acumulación de nieve y retrasar el deshielo. El conjunto está formado por cinco pozos de nieve y un almacén, excavados en el terreno y revestidos con canto rodado colocado en seco, un material abundante en la zona.

Los pozos presentan una tipología troncocónica, con paredes ligeramente inclinadas hacia el interior, lo que facilitaba la compactación de la nieve y mejoraba su conservación. Todos contaban con sistemas de drenaje, tanto interiores como exteriores, para evacuar el agua del deshielo y evitar que el hielo se deteriorara.

Sin embargo, y aunque en se utilizaban cuando estas neveras estaban operativas, no se conserva la parte superior que los cubría para conservar mejor el frío durante el verano.

Proceso de almacenamiento del hielo

El proceso comenzaba durante el invierno, cuando la nieve caída en el entorno se recogía y transportaba hasta el interior de las neveras. Allí se pisaba y compactaba en capas, separadas por ramas, paja u otros materiales vegetales que actuaban como aislante.

Una vez llenos los pozos, se cubrían con material vegetal y tierra, creando una capa protectora que ayudaba a mantener el hielo durante meses. Durante el verano, el hielo se extraía en bloques, generalmente de noche o de madrugada, para minimizar las pérdidas por deshielo, y se transportaba hasta los puntos de consumo.

Estructuras anexas y entorno

Junto a las neveras existía un almacén, donde se guardaban herramientas y materiales necesarios para la explotación del hielo. El entorno inmediato del conjunto conserva también otros elementos etnográficos que reflejan los usos tradicionales del monte, como las carboneras.

La zona del Moncalvillo estuvo históricamente ligada a la actividad de los carboneros, encargados de producir carbón vegetal a partir de la madera del monte. Esta actividad, compatible con el funcionamiento de las neveras, formaba parte de una economía tradicional basada en el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.

Los restos de antiguas carboneras visibles en el entorno ayudan a comprender el intenso uso histórico de este paisaje y su importancia para la subsistencia de la población local.

Neveras accesibles

Cada una de las cinco neveras presenta características singulares que han sido documentadas durante los trabajos de recuperación.

Nevera La Escalera

Destaca por el hallazgo de su emparrillado original en el fondo del pozo, formado por troncos cruzados que permitían aislar el hielo del agua del deshielo. También se documentó la escalera de acceso interior, utilizada para las labores de llenado y extracción.

Nevera La Bañera

Es conocida como La Bañera debido a su forma singular, diferente al resto de los pozos del conjunto, lo que la convierte en una de las más reconocibles.

Nevera La del Hormiguero

En esta nevera se ha reconstruido la escalera de acceso, al igual que en la Nevera de La Escalera. Su rasgo más llamativo es la presencia de dos grandes hormigueros en sus inmediaciones, integrados y respetados como parte del entorno natural.

Nevera La Redonda

Recibe el nombre de La Redonda por su trazado regular, que responde al modelo más clásico de pozo de nieve de montaña.

Nevera La del Acebo

En su interior crece un acebo adulto, testimonio del prolongado periodo de abandono sufrido por el conjunto tras el fin del comercio del hielo.

Las Neveras de Sojuela constituyen hoy un conjunto etnográfico excepcional, integrado en el proyecto de la Casa de la Nieve de Moncalvillo, que permite conocer en profundidad una actividad desaparecida pero fundamental para la historia económica, social y cultural del territorio.